lunes, 14 de mayo de 2007

A DÓNDE VAMOS?

A través de la evolución tecnológica que hemos tenido , poco a poco hemos creado nuevos artificios e instrumentos que nos hacen la vida más cómoda, sin embargo hemos tenido que pagar un precio muy alto por esto, este consiste en que las herramientas que hemos creado, nos esten corrompiendo y haciendo sus esclavos, solo vasta con ponermos a pensar en un solo día en el que no háyamos visto en la televisión violencia, imágenes de sexo o lenguaje altisonante que indudablemente afecta nuestro comportamiento.

Si pensaramos en una raza superior que nos viniera a visitar de otro planeta y viera la forma en la que se les da uso a los medios de comunicación de la tierra, inmediatamente pensaría que lo que tratamos de hacer, es transmitirles el mensaje de violencia, sexo y malos actos a nuestros descendientes .

Es increíble ver que las futuras generaciones sepan mucho más de Pokemon , que de las personas que en realidad han hecho algo por este mundo y que gracias a sus aportaciones se están cambiando ciertas conductas humanas.

¿qué generará esta mal fundada tecnocracía? la respuesta es variable, sin embargo por lo visto se avecinan tiempos difíciles para la ciencia, puesto que nuestros futuros gobernantes tomarán a la ciencia como un tema aburrido del cuál no se puede sacar más provecho, más que gadgets brillantes y cosméticos caros que gente inculta consuma , solo por el simple hecho de ver personas con batas en la pantalla

¿a dónde vamos?

1 comentario:

Juan Ignacio Casaubon dijo...

CIENCIA, EDUCACIÓN, CULTURA, CIVILIZACIÓN, TÉCNICA
El carácter utilitario de la ciencia.

Si bien es conocido por todos el admirable avance de la técnica actual, no es bien comprendido el papel de la ciencia en este proceso, o se entiende a esta última como única responsable de la primera. Aún entre algunos científicos, para los cuales el único fin de la ciencia, es la tecnolo­gía, reina un cierto escepticismo, sobre la verdad que la ciencia, podría descubrir. Es decir una desviación en la misma definición de ciencia, en su punto de partida.

Definiendo bien qué es ciencia el científico queda abierto a la verdad en general. No sólo a la verdad de su ciencia particular sino también a saber darle el lugar que les corresponde a sus saberes dentro de los demás conocimientos.

Sin embargo en muchas ocasiones la ciencia es entendida de modo utilitario solamente, como "preámbulo de la tecnificación". Esta tendencia puede verificarse en, numerosas publicaciones. Sus autores en vez de introducirnos en el campo del saber que corresponda, empiezan sus artículos citando las aplicaciones que sus teorías podrían tener.

Es cierto que la técnica se nutre de la ciencia, ya que es imposible poner al servicio del hombre la naturaleza, si ésta no se conoce. Pero este es el objetivo de la ciencia aplicada, (ingeniería, medicina...) que, además de la ciencia que la fundamenta (física, biología...) debe valerse de criterios de utilidad. Si estos criterios de utilidad están rectamente orientados al bien del hombre y de la sociedad esas técnicas cumplirán satisfactoriamente su fin.

Se da en la ciencia, por un lado la búsqueda de la verdad, y por otro lado, la capacidad de controlar el experimento y así ser de utilidad práctica.

Lo absurdo es que en publicaciones de ciencia pura, se invoque como supremo fin de las mismas su aplicación técnica, en vez de su interés intrínseco científico: el conocimiento de un aspecto de la verdad.

Es cierto que esos preámbulos de los artículos científicos, en los cuales se explicita el fin del trabajo, se deben a veces a exigencias impuestas por el empleador, el cual, al dirigir el departamento de investigación de una institución solo orientada a la práctica, obliga a los empleados a realizar una ciencia que sea útil.

Caen en la misma crítica los estados que relegan el papel de la ciencia al binomio ciencia y tecnología en detrimento del trinomio ciencia, educación y cultura.

Entiendo por cultura el conjunto de hábitos humanos que heredamos del pasado. La cultura es más bien algo interno de los hombres: como piensan, como quieren. Muy relacionado con esto tenemos a la civilización. Civilización hace más bien a los objetos exteriores que el hombre va desarrollando a través de los siglos.

Por ejemplo el tren a vapor es una muestra de civilización pasada. Las obras de la civilización caen en desuso, y es importante resguardarlas en museos. Ahora bien, los conocimientos de cómo funcionan los trenes es parte de la cultura. Estos conocimientos los heredamos de nuestros profesores y libros, bueno ahora Internet también. Es decir un libro sobre trenes es un objeto de la civilización. Los conocimientos que contiene son parte de la Cultura.

Se ha hablado bastante del drama de las dos culturas. La humanística y la de las ciencias naturales. También se ha nombrado como "tercera cultura" a los escritos de divulgación.

Sigamos con la ciencia. Cuando la motivación de la ciencia es solamente su aplicación a la técnica, la ciencia misma se degrada, ya que se la priva de su verdadero significado y se la aparta de su relación con la verdad.

Dependencia e independencia entre ciencia y técnica.

En general se comprende bien que no toda la ciencia, termina por apli­carse a la técnica. Es más, hay ciencias enteras como la filosofía que carecen por completo de utilidad inmediata. Pero así como es tan patentemente inútil es tan patentemente amable per sí misma .

No toda la técnica termina en un servicio del hombre (o perjuicio); al contrario, hay técnicas que a su vez son útiles a la ciencia. Por ejemplo una técnica de laboratorio.


Pero el aspecto más interesante del terna que estamos tratando es que puede hacerse una brillante técnica con un conocimiento poco sabio de las leyes naturales involucradas en la parcela de la naturaleza de la cual se sirve el proceso de tecnificación (aunque siempre se necesite un mínimo de cono­cimientos, que no siempre es pequeño).

Para comprobar lo que acabamos de afirmar basta contemplar el inmenso desarrollo de la tecnología nuclear: cen­trales nucleoeléctricas, propulsión de submarinos, bombas atómicas, etc. Sin embargo, no se conoce con exactitud la fuerza de origen nuclear, la inter­acción que es responsable del fenómeno. Al menos no se la conoce con la precisión y claridad con que conocemos la ley de atracción y repulsión de par­tículas cargadas (Ley de Coulomb). Bibliotecas plagadas de libros y estanterías colmadas de colecciones enteras de revistas especializadas sin encontrar la expresión fisicomatemática precisa es el resultado de más de cincuenta años del siglo XX.

Mostremos un ejemplo más sencillo: el constructor de un tobogán sólo necesita saber que los niños caen. No le hace falta conocer la ley de gra­vitación universal, y menos aún la más moderna interpretación de los fenó­menos gravitatorios, es decir que los cuerpos siguen la curva geodésica deter­minada por la geometría que genera la tierra según, las ecuaciones de Einstein de la relatividad general.

Hacia un correcto planteamiento de la noción de ciencia

"La ciencia misma, ‑en su entraña, en su orientación de fondo, en su modo de construirse y de expresarse, ‑debería recuperar la integridad de lo real –el ente–, que parece haber perdido desde hace ya mucho tiempo. Para ello, habría que purificar el conocimiento científico de adherencias filosóficas des­viadas" .

Parte, de la desviación consiste en un erróneo concepto del "modelo" en las ciencias. Los modelos de la realidad son necesarios para el avance de las ciencias, pero esos modelos deben mejorarse y reemplazarse por otros cada vez más perfectos y adecuados a la realidad. Por el contrario algunas corrientes filosóficas dan más importancia al modelo que a la realidad, más importancia a la coherencia interna de la teoría que a su verdad. De allí a desvincular el modelo de la realidad hay un solo paso. En ciertos casos que­darían débilmente vinculados a la realidad por el solo hecho de brindar datos de lo fáctico útiles para la técnica; entonces modelos distintos serían aceptados si arrojan los mismos datos.

Entendemos ciencia como conocimiento cierto de la realidad por sus causas. Con este concepto desinteresado de ciencia abrimos nuestra inteligencia a los distintos tipos de saberes, diversificados por el sector de la realidad que abarcan, y por el método de estudio empleado, ya sean particulares (Física, Matemática, Biología...); como generales y filo­sóficos.

Quizás podemos completar y actualizar la definición de ciencia diciendo que en las ciencias naturales debemos ir por inducción desde el experimento, organizar sistemáticamente el mismo, formular hipótesis, compararlas con el experimento, hacer modelos, construir teorías, etc.

En cambio si definimos ciencia como "preámbulo de la tecnificación" nos encerramos en un círculo vicioso o a lo más en un circulo antropocéntrico, en el cual resolver las necesidades materiales del hombre seria en último tér­mino el objeto del uso de su inteligencia.

Este camino es a su vez desesperante para el científico, porque ya nos enseña la historia ‑que, en general, pasan­ muchos años desde los descubrimientos científicos hasta las aplicaciones prácticas. No es este el caso de la tecnología nuclear a la que nos hemos referido, la cual se ha desarrollado rápidamente y ha provocado un exagerado juicio de "éxito" de la ciencia del núcleo, juzgándola, más por sus espectaculares aplicaciones que por sí misma.

Desde el descubrimiento de la reacción química que se utilizaría en fotografía hasta la primer foto pasaron cerca 100 años. Sin embargo desde el descubrimiento de que el láser serviría para hacer el CD, hasta el primer CD, pasaron 4 meses. Para controlar la fusión nuclear pasó casi todo el siglo XX y seguimos esperando.

En resumen, si es cierto que la ciencia tiene relación con la técnica, no es esta su única relación ni la más importante. Antes que nada las ciencias particulares tienen relación con el saber general, siendo así no sólo informativas de recetas de construcción tecnológicas sino también formativas de hábitos intelectuales que permitan al hombre volar hacia verdades cada vez más profundas y por ello más verdaderas, felices y trascendentes.

Sin embargo a Latinoamérica en general le vendría bien, hoy por hoy, un mayor desarrollo del aspecto ciencia-tecnología.

Dr Juan Ignacio Casaubon
Doctor en Física - UBA - Argentina
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