domingo, 7 de septiembre de 2008

Teoría de las ventanas rotas y el crímen.

Hace poco recibí uno de tantos correos que me reenvian los amigos. Comunmente se trata de lo que podríamos considerar basura (spam). Esta ves me llamó la atención y busqué información al respecto. Afortunadamente encontré algunas referencias interesantes al texto aquí citado, por lo que añadí un poco de información a fin de enriquecer el texto original, escrito (supuestamente) por el Lic. Gerardo López Maldonado, Abogado, Maestro en Ciencias Penale.

Me parece interesante hacer una reflexión sobre el estado que guarda nuestro país, un país en el cual la palabra ha perdido su valor para comunicar a la gente, y que ya no funciona como medio para resolver las diferencias. En fin, que lo disfruten:

En el año del 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), un psicólogo: Prof. Phillip Zimbardo realizó un experimento de psicología social.

Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada sitio.

Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser bandalizado a los 10 minutos. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron en aproximadamente 3 días. Después de esto, el auto se convirtió en un sitio de "entretenimiento": la gente rompió las ventanas, pintó el auto, etc, hasta convertirlo en una pila de chatarra. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto por al menos una semana.

Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Atribución en la que coinciden las posiciones ideológicas más conservadoras, (de derecha y de izquierda). Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, el mismo Zimbardo golpeó el automóvil con un martillo a plana vista de la gente que pasaba alrededor. Poco a poco, los transeúntes tomaron su turno para golpear el auto y en pocas horas el resultado fue el mismo: el vehículo quedó reducido al mismo estado que el del barrio pobre.

En el grupo de Zimbardo se encontraban dos criminólogos: James Q. Wilson and George Kelling, los que dieron origen a esta teoría.

¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?

No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología humana y con las relaciones sociales. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de que nadie está a cargo, de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que vale todo y que en general no habrá consecuencias. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

En experimentos posteriores, los criminólogos James Q. Wilson y George Kelling desarrollaron la 'teoría de las ventanas rotas y crimen', misma que desde un punto de vista criminológico concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.

Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen 'pequeñas faltas' (estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja) y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.

Si los parques y otros espacios públicos deteriorados son progresivamente abandonados por la mayoría de la gente (que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas), esos mismos espacios abandonados por la gente son progresivamente ocupados por los delincuentes.

La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década de los 80 en el metro de Nueva York, el cual se había convertido en el punto más peligroso de la ciudad. Se comenzó por combatir las pequeñas transgresiones: graffitis deteriorando el lugar, suciedad de las estaciones, ebriedad entre el público, evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes. Comenzando por lo pequeño se logró hacer del metro un lugar seguro.

Posteriormente, en 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, basado en la teoría de las ventanas rotas y en la experiencia del metro, impulsó una política de 'tolerancia cero'.
La estrategia consistía en crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana.

El resultado práctico fue un enorme abatimiento de todos los índices criminales de la ciudad de Nueva York.

La expresión 'tolerancia cero' suena a una especie de solución autoritaria y represiva, pero su concepto principal es más bien la prevención y promoción de condiciones sociales de seguridad.

No se trata de linchar al delincuente, ni de la prepotencia de la policía, de hecho, respecto de los abusos de autoridad debe también aplicarse la tolerancia cero.

No se trata tampoco de la pena de muerte ni del ojo por ojo, (como algunos políticos oportunistas y pusilánimes de nuestro país han propuesto en estos días), ni siquiera de bajar la edad penal, sino más bien un conjunto de ideas que debidamente aplicadas deberían resultar en un beneficio para cualquier sociedad.

No es tolerancia cero frente a la persona que comete el delito, sino tolerancia cero frente al delito mismo.

Se trata de crear comunidades limpias, ordenadas, respetuosas de la ley y de los códigos básicos de la convivencia social humana, como la que no tenemos ahora.

Quiero ser optimista y pensar que México ya tocó fondo y por fin vamos a despertar como sociedad.

Ojala, por nuestros hijos.