lunes, 27 de septiembre de 2010

Aprovechan desechos de sábila para fines farmacéuticos


Pie de foto: Los residuos que quedan después de la extracción del gel o de la recuperación de acíbar, permanecen en los campos de cultivo y devienen en una fuente de contaminación dado su bajo índice de degradación en el medio ambiente
Cortesía: CICY


En el mercado nacional, la planta de sábila (Aloe Barbadensis Millar) se comercializa como hoja entera y en forma de gel recuperado de la misma.
Sin embargo, cuando la planta se encuentra estresada, sometida a altas temperaturas y sequía, disminuye su producción de gel y genera acíbar, un material jugoso de color amarillo usado como purgante y catártico. En los últimos años, el acíbar se ha empleado para producir sustancias farmacéuticas, principalmente aloína. Ambos procesos generan residuos agroindustriales que no tienen utilidad comercial.
Por este motivo, en el marco de la convocatoria 2006 que emitió el Fondo Mixto Conacyt-Gobierno del Estado de Yucatán, referente al aprovechamiento de subproductos agrícolas de la región para el desarrollo de nuevos productos o extracción de compuestos de interés biotecnológicos, se planteó el aprovechamiento de los residuos sólidos generados por una empresa agroindustrial local, durante su proceso de obtención de aloína.
Al respecto, la doctora Rocío de Lourdes Borges Argáez, del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY), explicó que los residuos que quedan después de la extracción del gel o de la recuperación del acíbar permanecen en los campos de cultivo y devienen en una fuente de contaminación dado su bajo índice de degradación en el medio ambiente.
En ese sentido, al obtener la aloína a partir del acíbar mediante métodos de cristalización, se generan grandes cantidades de residuos sólidos que contienen compuestos de tipo quinona.
Debido a lo anterior, se planteó un proyecto cuyo objetivo principal fue la extracción y caracterización de los componentes quinónicos presentes en los desechos, los cuales pueden emplearse en el sector farmacéutico con el fin de proponer vías alternas de comercialización de productos de sábila en Yucatán. Y de manera paralela, se realizó un estudio sobre estas aplicaciones.
La aloína es empleada como estructura química base para el desarrollo de Diacereína, un fármaco usado en el tratamiento de osteoartritis, y el derivado esterificado de la aloesina es utilizado para el blanqueamiento de la piel; las quinonas pueden servir como base para la preparación de la hipeicina, un antidepresivo natural de efectos similares a la fluoxetina, o para la síntesis de doxorubicina, antraciclina empleada como quimioterapéutico en algunos tipos de cáncer.
En el proceso de la extracción de los componentes de los residuos de la planta se identificaron la aloína, además de la aloesina, aloeresina, aloemodina, aloinósido A y B, de forma minoritaria.
En la cuantificación de estas sustancias pudo constatarse que en un kilo de residuo industrial permanecen 342.44 gramos de aloína, por lo que se observó una pérdida del producto de interés en su proceso de cristalización.
También se realizó una aproximación preliminar al estudio de la cantidad de aloína presente en acíbares de hojas de sábila de un cultivo de riego de temporal, e identificaron que en un litro de acíbar se obtienen 270 gramos de este compuesto.
Un dato que arrojó la investigación fue que en Yucatán la explotación de la sábila está basada de manera principal en la comercialización de las hojas y el gel, y desaprovechan la producción con fines farmacéuticos de compuestos como la aloína, aloemodina, aloesina y aloresina presentes en los residuos analizados.
La doctora del CICY reconoció que si bien pueden generarse nuevos productos a partir de la sábila, es necesario evaluar la factibilidad económica de cada producto antes de llevarlo a escala industrial y comercial.
Esta investigación fue apoyada por el Fondo Mixto Conacyt-Gobierno del estado de Yucatán en el 2007, y participaron los doctores Gonzalo Canché Escamilla, de la Unidad de Materiales, Felipe Barahona Pérez, de la Unidad de Energía Renovable, y la química Mirbella Cáceres Farfán, de la Unidad de Biotecnología del CICY. (Agencia ID)




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