jueves, 30 de septiembre de 2010

¿Está México preparado para un rebrote de sarampión?


El brote de sarampión registrado en fechas recientes en Argentina, que según sus autoridades se originó con el regreso de personas infectadas tras asistir a la pasada Copa del Mundo de Fútbol en Sudáfrica, pone de manifiesto la facilidad con la que las enfermedades se diseminan en la actualidad, al dejar de ser un problema regional para pasar al ámbito mundial, como ocurrió en 2009 con la influenza AH1N1, surgida en México.
Un estudio publicado en la revista especializada de enfermedades infecciosas Lancet (Septiembre de 2010) refuerza ese concepto al hacer referencia en que la dinámica actual de los viajes, así como la nueva tendencia del turismo médico, por mencionar algunas causas, contribuyen a la propagación mundial de ciertas enfermedades, hasta entonces consideradas locales.
Ante ese panorama cabe cuestionarse si México está preparado para el arribo de enfermedades surgidas desde otras latitudes o de los rebrotes de padecimientos que se creían erradicados, como el caso específico del sarampión.
A esa pregunta responden dos especialistas nacionales, el director general adjunto de la Dirección de Epidemiología de la Secretaría de Salud (SSa), doctor Hugo López-Gatell Ramírez, y el investigador del Instituto Nacional de Salud Pública, maestro Sergio Meneses Navarro.
El sarampión es causado por un virus de la familia de los paramixovirus (paperas, parainfluenza), que habitualmente afecta a los niños, aunque ello no exenta a personas de otras edades.
Al respecto, el funcionario de SSa añadió que se trata de uno de los padecimientos más contagiosos que se conocen; cuyos síntomas principales son la fiebre, irritación de conjuntivas, tos, estornudos, seguido de salpullido con comezón en todo el cuerpo. “Pese a que el sarampión sólo dura de 10 a 14 días, se estima que uno de cada 10 casos puede agravarse y presentar neumonía y daño en el oído por inflación. Ello sin contar a los pacientes, equivalentes a un punto porcentual, en que las complicaciones tardías desencadenan una panencefalitis esclorasante subaguda (inflamación del cerebro con deterioro neurológico)”, refirió.
Al comentar sobre un posible rebrote de la enfermedad en México, López-Gatell Ramírez hizo hincapié en que el agente patógeno del sarampión es estable y tiene una tasa de mutación muy baja. Asimismo, destacó que desde hace 60 años se conocen los tres serotipos de este virus, al cual no han sido detectados cambios sustanciales y mantiene la respuesta reactiva a la vacuna creada en 1953.
Asimismo, apuntó que el país cuenta con un programa de vacunación universal con una cobertura superior al 95 por ciento, lo cual facilitó la eliminación del virus del sarampión de forma local en 1996, ya que fue el último año en que se presentaron casos de transmisión interna.
López-Gatell Ramírez señaló que de llegar a detectar un paciente con sarampión, se cuenta con un protocolo en el cual el encargado de coordinar las acciones es el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, que deberá alertar sobre la presencia de un caso de enfermedad febril exantemática (fiebre y rochas características también de la rubéola y el pargovirus).
A partir de la identificación de un paciente en una vivienda, las autoridades sanitarias estatales deben elaborar un “sesgo vacunal”; es decir, una encuesta de casos posibles o sospechosos; así como identificar si cuentan con la vacuna triple viral (sarampión, paperas y rubéola) en 50 cuadras a la redonda.
De no ser el caso, se administra la vacuna a aquellos que estén pendientes y canalizan a los sospechosos de padecer la enfermedad a unidades de salud para observación, tratamiento y seguimiento.
A decir del funcionario federal, esta enfermedad tiene el riesgo de concentrarse en áreas con baja cobertura de vacunación y problemas de desnutrición, en específico por la falta de vitamina A, ya que ésta es fundamental para activar el sistema inmune

La pobreza, un riesgo ante el sarampión

Desde la óptica del investigador del INSP, si bien el país ha erradicado la enfermedad, el riesgo frente al sarampión es que en la actualidad hay conjuntos sociales que permanecen en condiciones desiguales frente al resto de la población. Por ejemplo, en un contexto rural, en su mayoría bajo pobreza, existe una circunstancia de mayor vulnerabilidad que determina las inequidades en salud y existe mayor riesgo de contraer enfermedades infecciosas.
“El cúmulo de desventajas para acceder a los servicios de salud va de la mano con la menor probabilidad de estar inmunizados frente a virus, como el de sarampión, por lo que de presentarse nuevos casos de esta patología será muy fácil que el impacto en estos sectores sea mayor”, acotó Meneses Navarro.
El especialista del INSP explicó que hay sectores que históricamente tienen mayores desventajas ante diversas enfermedades, como es el caso de los pobres, las mujeres, la población indígenas, entre otros grupos. Sin embargo, algo que preocupa a la antropología médica es la percepción interna del individuo o comunidad frente a la enfermedad; es decir, saber qué saben de ella, cómo se contrae, cuál es el riesgo de padecerla y cómo prevenirla con la vacunación.
Lo anterior debido a que cada grupo social --por ejemplo la población pobre, rural, indígena, migrante, urbano-marginado o algunos grupos religiosos-- tiene sus propios significados respecto a las vacunas.
Finalmente, Meneses Navarro recordó que en la década de 1970 el doctor Tudor Hart planteó la Ley de Atención Inversa, la cual sostenía que las poblaciones con mayor necesidad de salud, son las que menos recursos reciben en el rubro. Una situación que parece permanecer en el país y a la que se debe poner más atención ante eventuales crisis sanitarias. (Agencia ID)

Fuente:
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