jueves, 1 de febrero de 2007

INVERSIONES MÁS VALIOSAS QUE EL PETRÓLEO


Resulta por demás interesante reflexionar que hace menos de 70 años las economías de varias naciones asiáticas (Japón, China, Singapur, entre otros) dependían de la agricultura y la pesca. En ese mismo horizonte de tiempo, México se modernizaba, contando con una mano de obra barata, materias primas abundantes e incentivos fiscales atractivos para las empresas. El petróleo y la energía controlados por la nación, dieron la impresión de que el futuro económico en gran medida podría ser controlado y protegido por un gobierno con claras intenciones de consolidar un proyecto de bienestar social: educación, salud y trabajo para todos. México, en la visión de nuestros hermanos orientales, estaba en una posición envidiable para llegar a ser el líder latinoamericano en la economía mundial. ¿Qué ocurrió en este tiempo, que hizo que los pronósticos fallaran? Entre las diferencias (que son más bien culturales), que permitieron a aquellas naciones constituirse en polos de desarrollo tecnológico y económico mundiales, están el impulso a la educación y el apoyo a la investigación científica y tecnológica. Aunque México también impulsó un programa educativo con énfasis en la preparación técnica y científica, en instituciones nacionales y extranjeras, se retrasó en constituir un programa efectivo de reincorporación de este material humano en empresas y universidades nacionales, tanto públicas como privadas. Además, una lenta descentralización de la educación superior, aunada a un acceso desigual a los fondos públicos de fortalecimiento a la investigación e infraestructura para las instituciones de educación superior en provincia, tanto privadas como públicas, mantuvieron nuestro desarrollo restringido.

Por otra parte la inversión privada en la investigación científica y tecnológica fue alentada y protegida en aquellos países lo que permitió a sus empresarios darse cuenta de los beneficios económicos que representa la inyección monetaria en capital humano (profesionistas) e infraestructura. Algunos empresarios mexicanos son concientes de lo prometedor que pueden resultar los negocios de alta tecnología y han empezado a cambiar el modelo de "maquiladores" o "compradores de tecnología" que hemos tenido por décadas, por el de "desarrolladores de tecnología". Pero muchos más aun no se animan, y aunque comprensible, pues son capitales de riesgo en su mayoría de recuperación a largo plazo, al paso del tiempo significará salir del mercado por falta de competitividad. Los beneficios pueden ser muy atractivos: algunas compañías (farmacéuticas, agro-biotecnológicas, comunicaciones, informática) llegan a generar capitales que son superiores un 50 o 100% al PIB de países o grupos de naciones. Aun cuando la economía mexicana no depende tanto de la exportación del petróleo (menos del 30%), necesitamos diversificar más nuestra base industrial. Y para ésto, es necesario que los empresarios se acerquen a las universidades, concreten programas de colaboración científica y de desarrollo profesional, contraten a sus egresados, creen centros propios o compartidos de investigación y desarrollo tecnológico, inviertan en investigación. Pero no con la mira en el futuro inmediato, sino a 10, 15 años, que es cuando verán los resultados.

En la industria farmacéutica, el desarrollo de un nuevo medicamento puede costar hasta 1,000 millones de dólares, y tardar entre 7 a 15 años, involucrando médicos, químicos, matemáticos e ingenieros. Las ganancias de recuperación en el mercado llegan a ser decenas de veces lo invertido, permitiendo reinvertir en nuevas investigaciones. Negocio redondo. Mientras otros países tienen Planes Nacionales de investigación en nanotecnología, nuevos materiales, medicina genómica, agro-biotecnología, tecnologías de la información, con millones de dólares de apoyo a cada área, nuestro congreso se da el lujo de recortar el presupuesto de ciencia y tecnología.

Un descubrimiento, con aplicaciones revolucionarias o novedosas, podría dar a nuestro país más ingresos que los obtenidos por el petróleo. El problema es que aunque tengamos interés en esta búsqueda (en la academia), no disponemos del dinero suficiente ni los recursos humanos, materiales o de infraestructura para poder desarrollar investigaciones para obtenerlos. Aunque algunos investigadores lo buscan y lo encuentran, tristemente, emigrando a otros países.